"Desde la ventana de una casa vieja,
siempre sola y triste
rezando y cosiendo,
una muchachita de rubios cabellos
ve todos las tardes
pasar en silencio
a los seminaristas que van de paseo
pero no ve a todos
Ve solo a uno de ellos.
Su seminarista de los ojos negros.
Cada vez que pasa,
gallardo y esbelto,
observa a la niña que pide aquel cuerpo marcial
y cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego
parece decirle
"te quiero te quiero"
yo...yo no he de ser cura
no...
Yo no puedo serlo
si yo no soy tuyo
me muero
me muero.
Quiero aprender de memoria con mi boca
tu cuerpo muchacha de abril
y recorrer tus entrañas
en busca del hijo que no ha de venir
Quiero partir con mi canto
tu cuerpo de niña y hundirme a vivir
nada me importa la gente que opina y se mete
no lo han de entender.
¡¿Como explicar que te quiero?!
que sonrío y muero al verte pasar
¡¿Como explicar que te amo?!
si no fuiste mía y jamas lo serás
¡¿Como explicar que me duele?!
hasta el aire que juega en tu pelo y tu andar
Niña...
si escuchas mi canto...
sabrás que es el canto que lloro por ti
y poco me importa la gente que opina y se mete
no lo entenderan.
Ay...si pudiera en tu pecho
beber el sociego y encontrar la paz
y acariando tu pelo
encontrar el sueño que no puedo hallar
Ay...si tu boca me diera
callada la forma del amor y el amar
encontraría el motivo
de seguir viviendo y poder luchar
Quiero aprender de memoria con mi boca tu cuerpo
muchacha de abril
y recorrer tus entrañas
en busca del hijo que no ha de venir.
A la niña entonces
se le oprime el pecho
la labor suspende
y olvida los rezos
y ya vive sola en sus pensamientos
con su seminarista de los ojos negros.
Leonardo Favio
sábado, 24 de enero de 2009
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