domingo, 28 de septiembre de 2008

Historia de una familia

Hoy un hombre grande me contó la historia de su familia:

En ese entonces tenía veinticinco hermanos, mis padres eran muy católicos y cada vez que hacían el amor tenían un hijo… ”Para eso esta hecho el Acto”, recalcó Papa Jorge cuando el preferido de todos los hermanos, “Orlando”, preguntó ¿Para qué existe el sexo? Si la misma pregunta la hubiese hecho cualquier otro, hubiese sido terrible el castigo…(cuenta este hombre y sigue hablando)… pero a Orlando no, quizás Papá Jorge se sentía orgulloso por aquel golpe que Orlando quiso darle a Tío Pocho; igualmente Orlando quiso pero no pudo, era medio estúpido y siempre se la pasaba volando.
Tío Pocho y Papá Jorge se llevaban mal y muy pocas veces bien.
Con nosotros, Tio Pocho, parecía ser bueno nos traía regalos, autitos y cosas así.
A Mamá Emilia le regaló una heladera, maquina de coser y una casa, ellos se llevaban mejor, se entendían un poco más porque eran hermanos.
Era un Tío copado, de esos que te guiñan el ojo, un pícaro.
Durante un tiempo se puso de novio con una actriz muy linda, se llamaba Eva, cuando ella empezó a salir con Tío nosotros nos portábamos bien y aquellos fueron los momentos más felices en nuestras vidas...ella nos trataba con tanta dulzura...recuerdo las primeras vacaciones y colonias de verano que viví gracias a la novia del Tio. Todo parecía un sueño para mi y para mis hermanos.
Hasta que un día Eva se enfermo y en ese sueño que ella nos había inventado se durmió para siempre, buena parte de mis hermanos y yo, sentimos ese día que también algo de nuestra niñez se perdía, se dormía con ella también para siempre.
Y la recordaron mucho tiempo en la familia…y mucho más Tío Pocho…a Mamá Emilia nunca le gusto esa chica para Pocho y Papá cada vez que hablaba de ella decía “Esa mujer”.
Después de Eva, Tio Pocho quedo medio destruido y todos los planes que tenía se fueron con Eva, entonces partió un día a España sin despedirse, estuvo ausente casi veinte años y ¡como se noto su ausencia!
Un día ya viejo y pícaro, volvió.
En realidad lo trajeron.
Resulta que aquí, en la familia, nadie sabía bien que hacer, nuestros Padres quisieron borrar todo aquello que pudiese recordarnos a Tío Pocho y a Eva de la casa por eso sacaron todas sus fotos, pero nosotros hablábamos de él y de ella en voz baja, sin que se enteren nuestros padres, de esa forma estábamos rescatándolos del olvido.
Fue entonces que Papá y Mamá pensaron que si Tío Pocho moría en España, nosotros nunca los perdonariamos.
Entonces se preparó la casa para recibir a Tío Pocho. Habían pasado veinte años y todos queríamos a Tío pero de distinta manera y para animarlo a venir de una vez por todas Tío Alejandro que ya se había peleado con Tío Pocho veinte años atrás le dijo: "Si no viene es porque no le da el cuero".
Y por fin vino, todos nos peleamos por ver quien esta más cerca de él cuando por fin baje del avión. Algunos de los hermanos se sorprendieron al escuchar a Tio Pocho y otros ya sabían como era. Los más sorprendidos se sintieron muy dolidos, sintieron traicionados su sentimientos como descubrir una verdad dolorosa en alguien muy querido. El resto de los hermanos estaban contentos.
En la familia había muchos caciques y pocos indios, muchas verdades y pocos se daban la razón entre si. La vuelta del Tío parecía marcar el rumbo de la familia de una vez por todas pero a una parte de nuestros hermanos no le gustó el rumbo que tomaba Tío Pocho, eran los hermanos que estaban más cerca de Eva y por esa razón muchos llegaron a sospechar que al Tío lo mataron cuando lo llevaron a dar aquella vuelta en barco hasta Paraguay ¡Pobre Tio! estaba tan viejo y lo sacaron a tomar frio.
Para entonces la familia estaba dividida y mucho más cuando él murió.
El tema fue que siempre, Tío Pocho, estuvo en el medio.
Entre Papá y Mamá, entre nosotros…cuando el murió ya no había nadie en el medio y en vez de abrazarnos nos cagamos bien a trompadas, todos los hermanos se molían a palos, discutían, gritaban y nunca terminaban de decidir quien era el que la tenía más larga.
Un día Papá Jorge y Mamá Emilia se enojaron mucho, pero mucho y aquello fue peor para todos. Orlando no se quedo atrás y dio un paso al frente junto con Jorge y Emilia.
Mamá Emilia estaba muy loca, un día se embraveció y empezó a repartir chirlos a diestra y siniestra; a todos los que se portaban mal o como ella no quería, los mandaba de pupilo a una Escuela de Mecánica.
Papá Jorge antes de dormir leía la biblia todas las noches, rezaba y pedía a Dios; un día llamó a un cura polaco para que arreglé un problema que teníamos con unos vecinos, nunca faltaba al trabajo, siempre llegaba a casa a las siete y después nos preguntaba que habíamos leído en la escuela y después nos decía este libro se lee, este no, este si, este no, todo exactamente igual, la misma rutina hasta las ocho en punto que llegaba Mamá Emilia.
Mamá Emilia daba clases hasta muy tarde en la Escuela de Mecánica, no era tan puntual como Papá, siempre decía: Estos chicos se portan cada vez peor y una tiene que dar clases hasta las tantas…Mamá era más brava que Papá, Pocho y todos nosotros juntos, era indomable.

Este hombre seguía hablando y echando culpas a los padres.
…“Eran unos hijos de putas” me dijo, Papá un día me dejó en la calle y cambió la cerradura de la puerta de casa,¿a usted le parece?.
En realidad yo no molestaba a nadie pero resulta que un día todos eran machos.
Tío Pocho se enojó con nosotros y yo no sabía si nos quería o no nos entendía porque un día nos llevó a la plaza y se enojó con una parte de nuestros hermanos, ellos se fueron enojados y nunca lo perdonaron.
Papá dio un grito para que hagamos silencio…y nosotros nos dimos cuenta que ya estábamos grandes para que nos manden a callar y como la mayoría estaba un poco nerviosa, en vez de bajar la voz, empezamos a gritar.


Hernán Carro

No hay comentarios: